ESTRELLAS DORADAS
Vuelan en sus pájaros de acero,
los señores de la guerra.
Sobre sus hombros lucen doradas estrellas,
que para ellos como santo grial son.
Cada una de esas estrellas,
miles de soldados muertos para ellas.
Hombres valerosos,
porque los necios no conocen ni el miedo ni el dolor
¡terror!
Cabalgan sobre caballos de acero sin crines,
estos responsables del horror,
dios, patria, muerte,
cualquier excusa es buena para violar las leyes de Dios.
Se sumergen en submarinos nucleares,
que cuál enormes leviatanes surcan los mares.
Infundiendo siempre respeto
pero sobre todo mucho temor
¡horror!
Adictos a las fuertes emociones
siempre esperando pulsar un maldito botón,
estos hijos de la guerra
que solo conocen el terror
¡dolor!
Ellos mismos lo han creado
con impasibles rostros,
cuál busto de mármol,
que sus estrellas reclaman
como mandato de dios.
¡Traición!
Viejos y decrépitos en sus tronos,
trazan sus líneas maestras para su holocausto, nuclear.
No piensan en los civiles,
no piensan en los niños.
Están entrenados para llorar
fingen el dolor de los demás
¡pavor!
Cabalgan en sus tanques de acero
mientras todo vuela por los aires.
Sembrando la tierra de cruces
y las colinas de tumbas.
Y empapan los campos
con sangre de cañón.
¡terror, horror, dolor, finge el traidor.
Pero no se detienen
están cegados por las estrellas de vil metal,
siempre quieren alguna mas.
Comandantes, coroneles, generales y demás,
hombres de honor y gloria: todo por la patria
que la mejor defensa es atacar.
Y cuando sus escuálidos hombros
sus estrellas apenas puedan portar,
y viejos y olvidados vean sus metales, enmarcados
verán sangre emanar.
Sangre de inocentes que ellos sacrificaron,
sangre de hijos, sangre de padres y de mujeres.
Y entonces un día una voz les vendrán a reclamar
“cuantos litros de sangre por cada estrella, general?”
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